21 de noviembre de 2009

Los entierros imposibles


Un amigo mío, compañero de guerras y mamadas, ha tenido la osadía de enviarme tamaño injerto. Se trata de un librito muy majo con cinco relatos variopintos, publicado por la Editorial Stonberg con motivo de una oposición en la que ha conseguido la quinta y última plaza. Que lo sepas, me ha dicho. Y luego nos fuimos a cenar cordero a la estaca y yo me comí la mitad del cordero y mi compañero se comió la mitad del cordero. Lo repartimos a conciencia.

15 de noviembre de 2009

Todos los hombres

Veo al tipo de la gabardina beige desde mi ventana. Es de noche, la calle está deshabitada y temo que pueda sorprenderme agazapado bajo el cristal, espiando impunemente sus movimientos. El caso es que el hombre no se mueve, apoya su cuerpo en la farola y fuma como suspirando, como si el humo que pierde por la boca nunca fuera a volver a él, como si ese humo no fuera el mismo humo de todos los cigarros encendidos, como si cada bocanada que expira constituyera algo así como un río, ese río de agua turbia que no es el mismo río que el río de siempre, ni se le parece, sólo un afluente (si acaso podemos llamarlo así) que asciende con pulso firme hacia la luz.
Pasan las horas y el tipo no parece aburrido. Yo ya me empiezo a cansar. Espero algo, un abandono, un vehículo que se detenga, perdido en la noche, para solicitar alguna información, el sonido una sirena, un accidente, al menos una muerte cercana. Pero el silencio lo cubre todo ahí afuera y yo sólo escucho la televisión, los susurros de algún imbécil, mi propia respiración que se entrecorta o se agarra a mis pulmones produciéndome cierto dolor que no es dolor sino algo necesario, como cosquilla o caricia o arrullo, algo así, como el vestigio de un sonido envolvente. Bajo el volumen del televisor, decido apagarlo de forma definitiva. Vuelvo a la ventana y el tipo, aprovechando mi debilidad, ha abandonado el lugar definitivamente. Por fin puedo descansar y espero, apoyado en el cristal, la aparición de un nuevo tipo más paciente. Pero nunca nadie vuelve a la misma farola, nunca nadie retorna a mis dominios. Todas las noches, todos los hombres. Yo mismo como espectro solitario, altivo, innecesario.

10 de noviembre de 2009

A pequeños gestos

Siempre entra con puntualidad obsesiva en la misma cafetería a la misma hora. Se sienta en la misma mesa desde hace más de veinte años. Siempre pide lo mismo, un cafetito cortado y una copita de orujo blanco. Éste es su espacio, un lugar donde fumar como un loco y donde planchar la oreja si es necesario, el mismo lugar de siempre, ese lugar que ya forma parte de su identidad y que no admite renovaciones. Un lugar para escribir y, sobre todo, un lugar para olvidar. Aquí todo el mundo le conoce.
Hoy, por vez primera, se retrasa cinco minutos, sólo cinco minutos, y ve su mesa ocupada por dos cacatúas que parlan animadas sobre el último sermón del párroco. Se sienta en la contigua y el camarero le comenta decidido que le suena su cara, que quizá lo ha visto con anterioridad, o que quizá sólo sea un recuerdo borroso de algo que no ha sucedido, le dice, o que puede ser que no le haya visto nunca y que sólo sean imaginaciones suyas. El hombre se levanta, abandona el lugar. Así es como se muere uno, piensa, poco a poco, a pequeños gestos.

27 de octubre de 2009

38

Se supone que un poema nace del vientre, dicen que se escribe desde las mismas entrañas. Yo soy incapaz de agarrar un verso. Cualquiera mete la mano en ese pozo.

21 de octubre de 2009

37

—Es más difícil escapar de la sombra de tu perseguidor que de tu propia sombra.
—¿Por qué?
—Porque conoce tus hábitos.

11 de octubre de 2009

36

Tres gusanos se disputan diez centímetros cúbicos de tierra. Siguen creyendo que no hay vida más allá de los acantilados.

17 de septiembre de 2009

35 (Razas)

Ante el tablero de ajedrez, el negro eligió el blanco y el blanco el negro. O lo hicieron para ponerse en el lugar del otro (empatía), o bien para dejarse ganar, pues tenían mal perder.

11 de septiembre de 2009

34

PACA: Tengo el feliz presentimiento de que tú y yo acabaremos entendiéndonos.
PACO: Puede ser, pero sólo si entendemos por entendiéndonos perdiéndonos de vista.

4 de septiembre de 2009

33

Dos periquitos intercambian impresiones agarrados al palo que atraviesa su jaula.
—Y a ti, ¿cuánto te ha caído?
—Doce años, ¿y a ti?
—Diez.
—¿Y cómo dices que funciona el tercer grado?

25 de agosto de 2009

32 (Continuidad de los grillos)

En una oscura celda el penado escucha el cri-cri de los grillos. A través de la ventana enrejada, en una cadencia que le llena de nostalgia, percibe su melódico canto. Espoleado por la partitura de los insectos, siente algo parecido a la libertad que hace tiempo perdió. Entonces, sólo entonces, le invade la angustia al reconocer el sonido de sus férreos grilletes.